El Blindaje
Las cuentas donde vive su trabajo (correo, WhatsApp, móvil, redes, banco), repasadas una por una con una guía que no pide ser informático. Las claves son suyas y se quedan con usted.
Cuatro vigilancias que trabajan solas y solo le molestan cuando hay algo que hacer. No leemos su correo, no guardamos ninguna contraseña suya, no instalamos nada: miramos lo que un atacante vería de usted, y le avisamos antes.
Vigilamos. Sus correos (hasta cinco) contra las filtraciones conocidas y contra las listas que generan los programas ladrones; con dominio, todas las credenciales de su dominio y las menciones en la dark web. Cada día.
Protegemos. Las cuatro o cinco cuentas donde vive su trabajo: el Blindaje las repasa una por una, con la hoja de recuperación a punto.
Si pasa, le avisamos por correo con lo que ha aparecido (la máscara y la fuerza de la contraseña, nunca entera) y los pasos para cortarlo. Si quiere ir más allá, «Investigar más a fondo» busca en los archivos del pasado y en bruto.
Vigilamos. Dominios que se parecen al suyo (una letra cambiada, un guion, otra terminación), webs que lo copian, y la reputación de su dominio en los antivirus, los navegadores y las listas de bloqueo.
Protegemos. La confianza de sus clientes: que nadie los engañe con su nombre.
Si pasa, guardamos la captura del imitador en el momento de encontrarlo. Usted decide: lo sabe y ya está, o nosotros lo denunciamos y pedimos su retirada. Si la reputación está tocada, la limpiamos.
Vigilamos. Las tres señales que hacen que un correo se pueda suplantar o acabe en el spam (SPF, DKIM, DMARC) y los informes que los grandes proveedores envían sobre quién usa su dominio.
Protegemos. Sus facturas y sus presupuestos: que salgan de usted y lleguen a la bandeja de entrada.
Si pasa, una guía para gente no informática, paso a paso, con el registro que hay que copiar y «cómo sé que ha ido bien», para Google, Microsoft y cualquier otro proveedor. Si lo prefiere, lo configuramos nosotros.
Vigilamos. Que responda, que el certificado sea válido y se renueve, que no enseñe versiones viejas del software, y que lleve las cabeceras de seguridad que los navegadores esperan.
Protegemos. La primera impresión y el candado verde: lo que un cliente mira antes de confiar.
Si pasa, le decimos qué arreglar y cómo, para WordPress, un panel de alojamiento, Cloudflare o un servidor propio. Y lo volvemos a comprobar solos.
Las cuentas donde vive su trabajo (correo, WhatsApp, móvil, redes, banco), repasadas una por una con una guía que no pide ser informático. Las claves son suyas y se quedan con usted.
Todo lo que vigilamos y cómo ha quedado protegido, en un documento al día y con fecha, para enseñar a un cliente grande, una aseguradora o una licitación. Y un informe mensual en el correo.
Todo lo que es automático va dentro del plan. El trabajo humano se cobra aparte y se ve antes de pedirlo: denuncia y retirada, limpieza de reputación, configuración inicial, investigar más a fondo. Los precios →
La confianza no se pide: se gana. Estas son las líneas que no cruzamos.
No leemos nunca su correo. Vigilamos desde fuera, con consultas públicas y señales externas.
No guardamos ninguna contraseña suya. El Blindaje lo hace usted, guiado por nosotros.
No sustituimos su antivirus. Él detiene lo que intenta entrar; nosotros le decimos qué se le ha escapado.
No prometemos milagros. Las retiradas dependen de terceros: ponemos oficio, pruebas y presión, nunca plazos garantizados.
No vendemos sellos. El dosier no es un certificado comprado: es su foto real, con fecha.
Se registra con su correo, lo verifica con un clic, y la vigilancia empieza sola. Cuando quiera más, el portal le acompaña.